Agustín Vernice entrevistado por el Diario Clarín

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Detalles salientes de la nota  publicada por el  citado matutino.

Arrancó jugando al rugby en el Club Estudiantes de Olavarría. Empujado por la pasión de una familia bien fierrera estuvo cerca de probar también con el automovilismo. Pero Agustín Vernice encontró su pasión en el agua. Y desde arriba de un kayak, este año le dio al canotaje argentino su primer título mundial al colgarse la medalla de oro en el K1 1.000 metros del campeonato Sub 23 que se disputó en julio en Pitesti, Rumania. Aunque él, conciente de que todavía tiene mucho camino por recorrer, prefiere no sobredimensionar lo conseguido.

“En el momento en que gané las medallas no me puse a pensar en qué podían significar para el canotaje argentino. Igual creo que nuestro país ha tenido muy buenos resultados con grandes deportistas. El más grande es Javier Correa, que fue subcampeón mundial en la categoría mayores (NdR: Ganó dos platas en K1 1000 en Poznan 2001 y Sevilla 2002). Esos son para mí los mejores resultados que tuvo mi deporte hasta hoy. Yo sé que tuve una gran temporada, pero creo que todavía me falta dar un paso. Ojalá algún día consiga una medalla en un mundial senior y ni hablar de una olímpica“, analiza en charla con Clarín quien en la ciudad rumana ganó también el bronce en el K1 500.

¿Habías ido al mundial con el oro como objetivo?

En el Mundial de Minsk 2016 quedé quinto y con el gustito amargo de no haber llegado al podio. Entonces el objetivo era conseguir una medalla, pero sabiendo que los rivales tienen el mismo nivel que uno y que los resultados a veces se dan y otras no. Por eso era importante hacer bien las cosas. Toda la preparación previa no fue pensando en un resultado específico, sino en qué teníamos que mejorar para llegar de la mejor forma. Creía que podía aspirar a una dorada en los 500 metros, pero bienvenido sea el oro en los 1.000, porque esa es una distancia olímpica y es un buen comienzo para este nuevo ciclo de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio.

La satisfacción de Vernice no se debe sólo a lo que ocurrió en Rumania. En junio, terminó cuarto en el K1 500 en la Copa del Mundo de Belgrado, Serbia, y en agosto, fue séptimo en el K1 1.000 en el Mundial Senior de Racice, República Checa. Hoy, en plena preparación para el 2018, reconoce que esas grandes actuaciones lo llenaron de confianza.

“Hace tres semanas empezamos oficialmente con los entrenamientos de la nueva temporada y arranqué con muchas más ganas. Este 2017 me dejó el mensaje de que no hay un límite, que si queremos, las cosas se pueden conseguir y que estamos a la altura para pelear con cualquiera. Creo que esta temporada que está arrancando va a ser excelente”, comenta quien es bahiense de nacimiento, pero tiene su hogar en Olavarría.

“Por una situación laboral de mi papá, mi familia vivió un tiempo en Bahía Blanca, justo cuando yo nací. Pero tenía dos o tres meses cuando volvimos a Olavarría. Ahí pasé toda mi vida y, aunque hoy estoy más tiempo en Tigre porque el deporte es mi prioridad, cuando puedo vuelvo”, cuenta Agustín, que en los campeonatos nacionales sigue representando al club Estudiantes de esa ciudad, donde se subió al kayak por primera vez.

“Jugaba al rugby en el club. Un día vi que estaban practicando canotaje y me acerqué, me alquilé un kayak y me gustó. Tenía 12 años. Ese verano volvió a hacerlo unas cuantas veces. Me alquilaba el kayak con la plata que mi mamá me daba para comprar la merienda y no le decía nada a ella porque sabía que le daba miedo que se me diera vuelta el bote y tuviera algún accidente. Después comencé en la escuelita de este deporte y fui aprendiendo. Le ponía mucha voluntad y trataba de ir casi todos los días, hasta los domingos, así que iba mejorando y eso me fue motivando”, recuerda.

Los resultados empezaron a llegar de a poco. “A los dos o tres meses empecé a competir. En mi primera carrera me di vuelta, después terminé noveno y después séptimo en un campeonato provincial. Fui juntando cada vez más ganas. Y por suerte mi mamá se acercó a la actividad y se dio cuenta de que no había peligro. Desde entonces me acompaña siempre. En todo este tiempo, el apoyo de mi familia y mi vieja fue fundamental”, comenta.

¿Qué fue lo que más te atrajo del canotaje?

Es un deporte diferente. La sensación que te da al estar arriba del kayak, en contacto con el agua, de tratar de ir cada vez más rápido, me encanta. Y el hecho de esforzarte y ver los resultados de ese trabajo también. La autosuperación es lo que más te motiva. Cuando empecé veía los cambios, la evolución y eso me fue motivando cada vez más. Cuando arrancás, vas pasando por diferentes tipos de embarcación hasta llegar a la olímpica, el K1, que es un bote más largo y más finito que el que usamos todos. Para mí ese proceso de ir cambiando la embarcación, cada vez más finita, cada vez más larga, cada vez más rápida fue super entretenido.

Radicado casi a tiempo completo en Tigre, el bonaerense está hoy dedicado exclusivamente al alto rendimiento. Con el seleccionado nacional -aunque con 22 años aún tiene edad de sub-23, desde 2015 integra además el equipo mayor- entrena en Nordelta, en doble turno casi todos los días, con cinco o seis sesiones por jornada.

“Estoy becado por el ENARD y la Secretaría de Deporte y gracias a eso me puedo dedicar solamente al deporte. Uno busca la excelencia y contar con una beca es importantísimo. El canotaje es mi prioridad. El día que me retire me gustaría mirar para atrás y pensar que hice todo lo posible para lograr los objetivos que me fui planteando”, analiza.

Para 2018 tiene un sólo gran objetivo: el Mundial Senior de Montemor-o-Velho, Portugal, adonde buscará mejorar el séptimo lugar que consiguió este año. “Ese fue un gran resultado y quedé muy conforme. Pero aspiramos a más y sería buenísimo mejorarlo. Decidimos que nos vamos a saltear el Mundial Sub-23 para llegar de la mejor manera posible al de mayores en agosto. Ya estamos trabajando para eso”, cuenta. Y aclara que Tokio 2020 es la meta final.

“Todo gira en torno a Tokio y a la clasificación olímpica, que es el objetivo número uno. Pero antes quedan muchísimas cosas por mejorar, muchísimo entrenamiento y muchísimas competencias. Los Juegos Olímpicos son mi gran sueño, pero tenemos que trabajar duro para estar en la mejor forma y poder hacerlos realidad”, analiza el pibe que ya hizo historia en el canotaje argentino. Pero que va por más.

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